¿Educación digital desde la infancia?

Acompañamiento y Educación digital

¿Educación digital desde la infancia?

Últimamente la educación digital en la infancia está muy presente en las portadas. Son muchas las asociaciones pediátricas que recomiendan cero pantallas para los menores de dos años y no más de una hora al día hasta que el niño tiene cinco años. Por otro lado, puedes encontrar multitud de artículos sobre tecnología educativa cuyo uso, desde la etapa infantil, ayuda a la adquisición de numerosos aprendizajes.

No voy a entrar a valorar esto porque considero que la tecnología no ha pasado en las aulas tiempo suficiente como para poder establecer relaciones y consecuencias fantásticas o desastrosas a partir de su inclusión. Lo que sí tengo claro es que como padres que queremos lo mejor para nuestros hijos, algo podemos hacer desde el mismo momento en el que nacen: acompañar y guiar.

Es tu mayor fan, conviértete en su “influencer”

“Sonia, pero si tiene 2 años y apenas sabe hablar, ¿cómo me voy a preocupar ya de su educación digital cuando antes tiene que aprender tantos básicos?” Y tiene toda la razón. El bebé de mi amiga Noelia todavía no sabe hacer casi nada, pero lo cierto es que ya está aprendiendo. Y su madre que lo es todo para ella, de forma consciente e inconsciente, influye en todos sus aprendizajes. Los niños entre los 2 y los 6 años son auténticas esponjas y son capaces de aprender de forma natural mucho más allá de lo que nos imaginamos. Si los adultos contamos con unos hábitos digitales saludables estaremos, sin querer, modelando e influyendo en su aprendizaje y en sus futuros hábitos.

desayuno saludable

Recuerdo que yo alargué el biberón matutino de mi hija nº1 muchísimo. Cuando ya tuvo edad suficiente como para retirarlo y lo sustituí por una taza de leche y cereales o galletas (en ese momento estaban bien vistas), apenas desayunaba, así que volvía a suministrarle el socorrido biberón de 350ml+cucharaza de cereales (ahora prohibidos creo). Como me preocupaba que llegara a la universidad y siguiera tomando bibe, le comenté al pediatra y me preguntó qué y cómo desayunábamos su padre y yo:

“un café con leche; normalmente ni nos sentamos y salimos corriendo a trabajar”

Pues eso, que no hizo falta que me explicara mucho más. Empezamos a dedicarle más tiempo al desayuno, fuimos añadiendo fruta, pan y otros alimentos, convertimos el momento desayuno en una “actividad” familiar más. Hoy es la comida en la que siempre estamos los cuatro, desayunamos muy rico, sano y variado y nos lo tomamos con bastante calma, antes de lanzarnos cada uno a nuestras rutinas diarias. Lo hicimos por ser modelos para nº1 pero nos vino genial a toda la familia.

Como este simple hábito, el del desayuno, podemos modelar otras muchas conductas deseables en nuestros hijos y así generar en ellos hábitos positivos desde la primera infancia.

Sobre hábitos digitales…

Como en el ejemplo anterior del desayuno en el que con la pregunta del pediatra nos paramos a pensar y valorar si podíamos mejorar ese aspecto, tenemos que preguntarnos cómo son nuestros hábitos digitales. Ser conscientes de si estamos haciendo las cosas conforme a lo que consideramos la “forma adecuada” de hacerlas. Valorar cuanto tiempo le dedicamos nosotros a las pantallas y si lo hacemos en los lugares adecuados. Si es necesario tener el móvil siempre cerca, siempre activo. Reflexionar sobre si realmente es inevitable contestar ese correo de trabajo ahora mismo, en el tiempo familiar, o puede esperar a mañana en la oficina. Si el móvil tiene que estar a la vista o lo podemos dejar en una ubicación en la que no llame nuestra atención cada 5 minutos…

hábitos digitales

¿Y si no nos gustan las respuestas?

Es probable que, en este proceso de autoconocimiento sobre nuestras costumbres digitales, no nos gusten algunas de las respuestas que obtengamos. No pasa nada, no se trata de fustigarnos y de cargarnos en la mochila de la maternidad/paternidad otra piedra más. Bajo mi punto de vista lo importante es ser sinceros con nosotros mismos y si apreciamos algo que requiere un cambio, podemos ir haciéndolo poco a poco, ir dando pasitos, como ellos.

Pequeños objetivos, grandes logros

Si nos marcamos una gran meta (no mirar el móvil el fin de semana), es posible que no solo no lo consigamos sino que además nos frustremos. Si nos planteamos pequeños objetivos diarios, semanales… como no tener el móvil a la vista durante la comida, por ejemplo, y lo celebramos como el logro que es, cada vez nos sentiremos más motivados. Lo estamos haciendo muy bien, por nosotros y por el ejemplo que estamos dando a nuestros hijos.

¿Eres capaz de pasar una tarde de paseo, de juegos, de compras…
sin mirar el móvil?

En mi caso, me suponía un esfuerzo muy grande no contestar a correos de trabajo en el mismo momento en el que los recibía y leía. Daba igual si estaba de compras, cocinando o jugando con alguna hija; tenía la necesidad de dar respuesta inmediata. Me ha costado tiempo “desengancharme” pero ahora destino un tiempo concreto al correo electrónico y salvo raras excepciones, no me salgo de ahí. El resultado es que ahora vivo más tranquila y mis hijas perciben que cuando estoy con ellas realmente estoy, y además, soy mucho más eficiente profesionalmente con la gestión de mi correo.

Del modelado a las normas de uso 

El otro día en la cola del supermercado una madre de una niña, de unos 5-6 años aprox, le decía a otra, cuya hija medía medio palmo más que la anterior:

“Uff!! Menos mal que todavía nos queda mucho para empezar con estos temas porque me da una pereza lo de los móviles, internet, redes sociales…”

Mientras dejaba mis productos en la cinta de la caja, yo me preguntaba si esas niñas no cogerían nunca los móviles de sus padres, si no tendrían ya una Nintendo o similar, si no harían ya uso de una tablet, si no accederían en algún momento a internet… Pero mi discreción y la rapidez de la cajera evitaron que preguntara por las costumbres digitales de mi vecindario, para alegría de mi hija número 2 que parecía leer mis preguntas como si mi frente fuera un teleprompter.

Creo que esta es una postura bastante común en nuestra sociedad. En general, una mayoría de padres piensa que se tiene que poner las pilas con la educación digital de sus hijos. Pero ¿cuándo? Normalmente cuando empieza a saber de riesgos, cuando se acerca el momento en el que van a tener móvil propio, cuando quieren estar en las redes sociales… O más tarde: cuando detectan un uso abusivo del smartphone, de la play, del Instagram… Es entonces cuando se enciende la luz de “alerta” y aunque nunca es tarde para tomar las riendas y ayudarles en su educación y ciudadanía digital, cuanto antes lo hagamos, más fácil será para ellos integrarlo de forma natural y para nosotros no quedarnos fuera.

Los niños necesitan reglas

Desde muy temprana edad a través del juego van mostrando cada vez un mayor respeto a las normas y cuando actúan dentro de un marco establecido, se sienten más seguros para afrontar nuevas situaciones. Si además, les hacemos partícipes en la creación de esas normas, hablando con ellos y explicándoles el porqué de las mismas, habrá una mayor identificación y por lo tanto, será más fácil su cumplimiento.

Normas familiares para limitar usos y concretar cómo debe ser la gestión de los dispositivos:

  • Tiempos de uso de la tecnología, para pequeños y mayores
  • Lugares de la casa donde sí se puede acceder a internet. Lo recomendable es que los dispositivos estén en zonas comunes
  • Tipos de dispositivos a los que pueden tener acceso. Tal vez inicialmente se les pueda dar la posibilidad de acceder a la tablet familiar en un tiempo concreto pero no pueden coger el móvil de papá o de mamá
  • Contenidos adecuados a la edad. Hay plataformas que ya cuentan con su versión Niños como YouTube Kids, aunque yo soy partidaria de que se haga una supervisión añadida
  • Aplicaciones, videojuegos o juguetes con internet. No solo valorar el tiempo de uso y cumplir el que se acuerde, sino también conocer los objetivos de aprendizaje. Te pueden ayudar webs especializadas como Generación APPS
  • Instalando un control parental en los dispositivos fijas los límites. No olvides explicarles por qué es útil la instalación…

Estas normas irán cambiando conforme se vaya adquiriendo mayor madurez digital en los miembros de la familia y cuando tengan una mayor autonomía es conveniente que también conozcan otras normas, las del comportamiento en la red establecidas por la comunidad virtual como la NETiqueta.

Dependiendo de la persona que lo interprete, lo nuevo y diferente puede generar emociones muy diversas. Lo que es fascinante para unos, resulta peligroso o difícil de afrontar para otros. Hoy nos ocurre a las familias con la tecnología y aunque ya no podemos considerar que sea un fenómeno nuevo, sí está en constante evolución, así que nos toca seguir aprendiendo. Asumir la importancia de nuestra participación en la educación digital de los hijos es vital para que puedan aprovechar todas las oportunidades que las tecnologías de la información y de la comunicación les ofrecen. Y si lo hacemos desde edades tempranas, iniciando el diálogo en la infancia y trabajando en sintonía con educadores, lograremos crear hábitos digitales saludables que contribuirán a su desarrollo integral.

2 Comments
  • Nat
    Posted at 10:14h, 22 septiembre Responder

    Como educadora infantil he de decir que tienes totalmente la razón en cuanto a crear unos hábitos o rutinas. Para mis niños son esenciales y es la manera en que mejor aprenden. Ellos las necesitan y aunque puedan pensar que son demasiado pequeños, tienen un año, es indispensable para que en su mente vayan creando esa organización del día donde pueden o no pueden hacer uso de ciertas cosas, en este caso de las tecnologías.
    Es realmente impresionante cómo las nuevas tecnologías están presentes en estos pequeños y su manejo desde esta temprana edad.
    Me ha encantado el ejemplo del desayuno, así es como nace una rutina sana, introducida de manera natural.

    • Sonia Ledesma
      Posted at 12:26h, 22 septiembre Responder

      Me hace mucha ilusión que profesionales de la educación encontréis aquí temas de interés y que comentéis y aportéis vuestra experiencia. ¡Qué suerte trabajar con pequeñines! y seguro que para ellos es una suerte tenerte a ti. Un abrazo al corazón.

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